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Síndrome del edificio zombi

¿Han oído hablar del síndrome del edificio enfermo?, pues el síndrome del edificio zombi es un caso extremo de la enfermedad. Este síndrome se produce en edificios que tras una larga enfermedad, y una dolorosa agonía, fallecen. Si, muertos, fenecidos, han estirado la pata, o los cimientos para ser más exactos.

Pese a su muerte, en lugar de ser piadosamente derribados y entregados sus restos a la escombrera, y su solar a los especuladores, se les mantiene en pie y funcionales mediante complicados ritos de vudumantenimiento y vuduparcheado.

Uno de los principales indicadores de la salud de un edificio es la calidad del aire en su interior, ya sea mediante ventilación natural o mediante sistemas de aire acondicionado.

 

Salida de aire acondicionado.

Por favor, absténgase de respirar mientras permanezcan en el edificio, gracias.

 

El mantenimiento de los edificios más allá de su vida natural, es decir, en estado de no vida o zombiedificación, conlleva como ya hemos indicado la ejecución de complicados ritos paganos. Esto tiene sus consecuencias en lo espiritual, en el karma del edificio, manifestándose tanto en fenómenos físicos extraños, como en comportamientos aun más extraños de los ocupantes del edificio.

 

Observen esta fotografía.

El luminoso de un ascensor señalando la séptima planta, hasta ahí todo normal. ¿Pero y si les digo que la fotografía fue tomada en la tercera planta de un edificio que sólo tiene seis alturas?.

¿Les he comentado también que en determinadas plantas hay que llamar a los ascensores al revés?. Pulsar bajar para subir y subir para bajar.

No es extraño que la gente sufra de arrebatos místicos en estos ascensores.
La foto la saqué de una pintada hecha con rotulador, pero en la chapa metálica, grabadas con un objeto afilado (que sean unas llaves, por favor, que sean sólo unas llaves), hay más inscripciones del mismo estilo.

 

La fotografía siguiente es una muestra de los extraños efectos que los ritos de vudumantenimiento tienen sobre las personas y su comportamiento.

El agujero que pueden ver en la puerta estaba antes ocupado por una cerradura normal, un pomo redondeado a cada lado de la puerta, una pequeña palanquita para bloquearla y así poder cerrar, y el agujerito correspondiente para la llave que la desbloqueaba y permitía abrir de nuevo.

Un día la cerradura se estropeó, y los ocupantes del despacho solicitaron su reparación o sustitución por una nueva en el impreso de solicitud de vudumantenimiento adecuado. La cerradura rota fue inmediatamente retirada.

Pasado un tiempo prudencial (un mes) los ocupantes del despacho se extrañaron de que el agujero de la puerta no estuviera ocupado por una nueva cerradura, y decidieron hablar con el Sacerdote supremo de vudumantenimiento. Éste, tras consultar con los espíritus del archivo, recuperó la petición de los ocupantes del despacho, y les contestó:

-De que os extrañáis, oh gente impía, en vuestra petición sólo marcasteis la casilla retirar, pero no la de reparar o sustituir. Rellenad un nuevo impreso solicitando una nueva cerradura y quemad unas barritas de incienso. Y no molestéis más a los espíritus con vuestras mezquinas necesidades mortales.

 

La cosa tiene en el fondo su lógica, muy en el fondo, y bastante retorcida, pero la tiene, estoy seguro de que la tiene. Vamos, que en cuanto la encuentre se la enseño.

 

Los ritos de vuduparcheado implican la existencia de varios objetos, maquinaria, o sistemas, que realizan la misma función de forma incompleta para, solapándose y complementándose, conseguir un resultado defectuoso.

Muy defectuoso.

Pero es cuando el vuduparcheado se une al vudumantenimiento cuando alcanzan su máxima eficacia zombiedificante.

Hace unos días se quemó un interruptor en un panel del viejo sistema eléctrico, porque como ya les expliqué el vuduparcheado exige la existencia de un sistema eléctrico viejo, y otro nuevo. Ya saben, solapar y complementar.

 

El viejo panel en toda su magnificencia. No dejen de observar que, en lugar de estar construido en plástico aislante, está hecho en sólido y conductor de la electricidad metal.
Se rumorea que en Atapuerca han encontrado uno similar tallado en piedra.

 

El interruptor fue sustituido por otro del mismo modelo, cedido amablemente por el museo arqueológico, pero la vieja, obsoleta, y sobrecargada instalación no ha sido sustituida, ni mejorada en modo alguno. Como es lógico el "nuevo" interruptor también se sobrecalienta.

La solución ha sido simple e imaginativa, cada cierto tiempo uno de los acólitos menores, y por lo tanto prescindibles, del vudumantenimiento toma la temperatura del interruptor mediante el científico método de poner la mano sobre él.

Como una amante madre poniendo la mano en la frente de su febril hijo.

 

Lo que desconozco son las medidas que debe tomar el pobre hombre según sea la temperatura alcanzada por el interruptor.

- Veamos..., dolor intenso en la mano, olor a carne quemada y restos de piel adheridos al interruptor...mmm...ah, ya recuerdo, era:

A. Soltar un alarido.

B. Caer al suelo fulminado.

y C. Parada cardiorrespiratoria.

 

 

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