| 29/04/2004 Crítica meteorológica |
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El
tiempo del martes 27 de abril
Comenzó el día con una falsa luminosidad que sólo pretendía disimular la monótona reiteración de brisas primaverales. Hacia las dos de la tarde la repetición se transformó en tedio, aderezado con vergonzosas concesiones a la comercialidad más facilona como, por ejemplo, unas nubecillas en forma de borreguito algodonoso. Para terminar de rematar la faena el atardecer resultó decepcionante, con un sol que enrojeció más por la vergüenza de verse incluido en semejante espectáculo que a causa de la refracción.
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| 24/04/2004 Observadores de obras |
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El gran incremento de la construcción y de la inversión en obras públicas de los últimos años ha provocado un profundo cambio en la observación de obras. Lo que antes era la tradicional ocupación de jubilados y ociosos se ha transformado en una profesión altamente especializada con una de las mayores ofertas de empleo del mercado de trabajo. La mayoría de los expertos coinciden en decir que todo comenzó con la aparición de las mini excavadoras. El ritmo pausado de las obras de antaño se transformó en un ballet frenético, acrobático incluso. Muchos observadores de obras de la época, basándose en principios puristas, rechazaron estos cambios calificándolos de exhibicionismo barato. Pronto fueron arrinconados o expulsados de las vallas por hordas de jóvenes que jaleaban a ritmo de bacalao las evoluciones de los nuevos héroes.
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Los conductores de mini excavadoras llegaron a tener clubes de admiradores que ocupaban las vallas de cualquier obra en la que estuvieran trabajando. Admiradores y también admiradoras, por primera vez las mujeres se introducían en el universo masculino de la construcción. Esta popularización de la observación de obras supuso, no obstante, el fin del amateurismo. Hubo numerosos accidentes provocados por seguidores fanáticos que no conformes con observar saltaban las vallas para participar en la obra, tocar a sus ídolos, o hacerse con las herramientas y materiales usados por ellos. Pero el incidente que marcó un antes y un después en la observación de obras fue el intento de suicidio de una joven seguidora de Hermenegildo Dosfuentes, alias El Tornado, uno de los conductores de mini excavadoras más famosos de la época. La joven se arrojó ante el vehículo de el tornado para inmolarse bajo sus ruedas. Hermenegildo aún sufre secuelas físicas por el accidente que recuerda con un estremecimiento. "Salía de un doble tirabuzón con descarga de gravilla e inicié la aceleración para ejecutar un tornado (la figura que le dio renombre), entonces aquella mole apareció ante mí lanzando alaridos, no pude evitar el choque" Fue el final de su carrera, tuvo que ser hospitalizado con graves lesiones, y la excavadora quedo destrozada.
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También
fue el final de una época. La sociedad alarmada exigió cambios que terminaran
con aquella locura, y poco después el Congreso aprobaba la Ley Orgánica
de Observación de Obras Públicas y Civiles, Reparaciones, y Zanjas. Así
nacieron los primeros profesionales de la observación de obras que durante
un tiempo, no sin conflictos, convivieron ante las vallas de las obras
con los aficionados, pero esos días pasaron ya a la historia.
El observador de obras es hoy en día un profesional altamente calificado, producto de una formación exigente y continua, y con un gran reconocimiento social. Para la mayoría de los profesionales de la construcción la figura del observador de obras es gratificante. "Es agradable tener cerca a una persona que aprecia tu trabajo y entiende sus dificultades"- Andrés Quiñones es oficial zanjista desde hace treinta años y ha vivido todas las etapas de la observación de obras, años locos del amateurismo fanático incluidos -" Aquello era una locura, apenas podías clavar un pico sin accidentar a un chalado, algunos compañeros tenían que abandonar la obra bajo escolta policial, y a más de uno le arrancaron la ropa sus fans enloquecidas. Ahora es distinto, hay un gran respeto a un lado y otro de la valla, la presencia de los observadores nos hace sentir arropados."
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No todo es de color de rosa en la observación de obras, paradójicamente su gran éxito es la causa de su mayor crisis hasta el momento. No hay suficientes observadores para todas las obras, y algunos tienen que observar dos y hasta tres obras a la vez. Isidoro Robles fue uno de los primeros observadores titulados. En su expediente profesional figuran la observación de obras tan importantes como la reconstrucción del Palacio de los deportes de Madrid, la finalización de la Catedral de la Almudena, y la reparación del tejado del museo de el Prado. En la actualidad observa la ampliación del museo de arte contemporáneo Reina Sofía y las obras del tren de alta velocidad en Atocha. "Sin ninguna duda dividir mi atención entre dos obras, tan importantes además, repercute en la calidad de mi observación." Mientras hablamos con Isidoro observamos las obras de ampliación del museo Reina Sofía y nos explica algunos de los secretos de la construcción. Una carretilla elevadora deposita con un elegante movimiento un palé de ladrillos, e Isidoro muestra su aprobación. "¡Eso es dejar unos ladrillos, si señor, y lo demás esparcirlos!. Hay que fijarse en como se hace y, además, en donde se hace. Ahora el palé de ladrillos se ha transformado en un eje de la obra. Unos lo rodean, otros lo buscan para obtener material, su colocación ha provocado una variación en la melodía de la obra. Una variación efímera, pues al desaparecer los ladrillos la melodía volverá a cambiar. Esto es poesía del movimiento en estado puro." Isidoro se emociona y nos contagia su entusiasmo, pero también mira el reloj. Ha llegado la hora de dirigirse a las obras del tren de alta velocidad, y nadie le sustituye frente al museo. "Todos esos momentos, esos cambios sutiles, las variaciones que se producen a cada instante en la obra se perderán. Una pena." La escasez de observadores ha llegado a la política. En la Asamblea de la Comunidad de Madrid los grupos de la oposición han reclamado a Doña Esperanza Aguirre el aumento de la oferta de empleo público para observadores de obras, pues consideran totalmente insuficientes las plazas presupuestadas para este año, 150 en total. El portavoz de la oposición, D. Rafael Simancas, denunció "... el intento de privatizar por completo el ejercicio de esta profesión. Pretenden acabar con la independencia de los observadores de obras, ¿cómo se puede ser un observador imparcial de quien te paga, de tu propio jefe?." La APOO (Asociación Profesional de Observadores de Obras) también considera insuficiente la oferta de plazas, y en su informe anual aseguran que existe un déficit de unos 410 observadores de obras en la comunidad de Madrid, y de más de 2000 en toda España. La falta de observadores obliga a algunas empresas a subcontratar estos servicios, y por primera vez se han detectado casos de contratación de observadores ilegales de otros países. La falta de profesionalidad, y el exceso de trabajo, también han hecho aumentar de forma preocupante el número de accidentes y enfermedades laborales. Caídas, aplastamientos, objetos extraños en los ojos, se han convertido en la pesadilla de los observadores, y de las mutuas y aseguradoras que les dan asistencia sanitaria.
Pese a todo, los observadores permanecen ante las vallas, atentos al trabajo de otros para valorarlo y apreciarlo. Dispuestos a que ningún fragmento de toda esa belleza escape a su mirada.
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