|
Capítulo primero: Ernesto. La vida en 62.500 pixels |
||
|
Encontramos a Ernesto empujando escaleras arriba la Catedral de la Almudena. Nuestro héroe no podía dejar de pensar en el encadenamiento de circunstancias que le habían puesto en esa situación. |
||
![]() |
La vida de Ernesto cabe en 62.500 pixels (250x250), aunque a veces excede ampliamente esos límites, o se comprime hasta alcanzar la densidad de un agujero negro. | |
|
Todo
comenzó tras una rutinaria revisión médica.
|
||
![]() |
![]() |
![]() |
|
El médico le diagnosticó stress laboral y recomendó a Ernesto que se tomara unos días libres. Era lógico, su trabajo como fotógrafo de restos de desayunos sólo le había producido hastío y desengaños durante los últimos meses. |
||
|
|
||
| El culpable de su estado era un obscuro funcionario que tenía por costumbre dejar inacabado su croasán. Lo peculiar del caso, era que siempre dejaba abandonada en el plato la parte central del bollo, se comía las patitas ( ¿ a quién se le ocurrió la idea de hacer un bollo que parece un cangrejo? ) y dejaba una fina rodaja del centro, lo bastante ancha como para que se sostuviera en pie. | ||
|
Tenía que conseguir esa foto. |
||
|
|
||
|
Pero aquel individuo resultó ser una bestezuela esquiva, y tras perderle la pista durante un tiempo, debido a las vacaciones y otras incidencias, había cambiado de hábitos. Antes mutilaba su croasán en una mesa, y ahora desayunaba napolitanas de crema, que devoraba por completo, apoyado en la barra de la cafetería. |
||
![]() |
Ernesto esperaba que aquel cambio de comportamiento fuera sólo estacional, y mantenía una tensa vigilancia. |
|
Mientras tanto, Brunilda, su archienemiga, disfrutaba del éxito del último deporte de moda patrocinado por su empresa: El lanzamiento acrobático de pulpos. |
|
![]() |
Todo héroe necesita de un archienemigo, y Brunilda, toda ella ángulos e intersecciones, lo es de Ernesto. (aunque ambos lo ignoren) |
|
Continuará...
|