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DIOS TE ODIA, ASÚMELO

Thorsten Peitsche es a la teología lo que Hunter S. Thompson al periodismo. En el siglo XV le habrían quemado con sus libros, y después habrían guardado las cenizas en una caja de madera untada de brea para, otra vez, arrojarla al fuego. Sin llegar a tales extremos, es público y notorio que a su muerte los sótanos del Vaticano retumbaron con los gritos de alegría y Deo Gratias de sus habitantes.

En el décimo aniversario de su muerte, asentado en parte el polvo de la polémica que rodeó a Thorsten Peitsche en vida, y separado el grano de la paja, quiero aprovechar para hacer una breve introducción a su obra. Me centraré para ello en "TEOLOGÍA DE SUPERVIVENCIA", "ESO NO, ESTÚPIDO", "NI SE TE PASE POR LA CABEZA", y "ME PARECE QUE HE VISTO A CUATRO JINETES", los cuatro libros más conocidos y polémicos de este autor.

Peitsche nunca entró en discusiones sobre la naturaleza de Dios, y mucho menos sobre su existencia o no existencia. Su categórico "de eso no se habla", malinterpretado como dogmatismo por sus detractores, se limita a expresar su profundo convencimiento de la inutilidad de tratar sobre cuestiones de fe con la inadecuada herramienta de la mente humana, a la que compara con una hormiga que tras tocar con sus antenas una mierda de elefante pretende establecer una cosmogonía paquidérmica.

"Yo no creo en Dios, tengo fe en su existencia".

Esta frase de Peitsche resume de modo contundente su postura sobre este tema, separando de forma clara la creencia de la fe. Los creyentes buscan el apoyo de la lógica, del razonamiento, e incluso de los sentidos, para llegar a Dios. El creyente contempla su propia existencia, mira lo que le rodea, y piensa que alguien tiene que haberlo creado, y "como es todo muy grande y muy hermoso y yo no sería capaz de hacerlo tiene que haber un Dios que lo haya construido". Esto, para Peitsche, disminuye la propia idea de la divinidad, reduce a Dios a una especie de fontanero universal bastante chapucero, y lo supedita a la propia existencia humana. "Apartemos a la lógica y a la razón, esas meretrices despreciables, ciegos, sordos, y rodeados de la nada, quedémonos a solas con Dios", proclama.

A solas con Dios, o con los Dioses, pues Peitsch considera el monoteísmo como una limitación impuesta por la mente humana, aunque al tiempo lo acepta como una forma de clasificación, "el monoteísmo no es incompatible con la existencia de varios Dioses".

Esto se entiende por su particular punto de vista, para él la religión, como conjunto de creencias, no es más que el "patético intento de la hormiga de organizar y comprender sus conocimientos sobre el elefante". Otra vez la despreciable lógica, otra vez la impotente razón, intentando iluminar lo que es ajeno a la naturaleza de la luz. Para Peitsche el monoteísmo no es la creencia en la existencia de un Dios único, sino la negación de un Dios determinado a compartir su cosmogonía con otros Dioses.

A estas alturas es ya evidente que Peitsche estudia el comportamiento de Dios, no el fenómeno religioso humano, y lo hace, como el mismo dice, "desde la humildad".

"Veo el tronco carbonizado, veo humo, ramas caídas, pero no puedo mirar al rayo pues me ciega, así hay que acercarse a Dios, pues es inconcebible". Son los efectos de la existencia de Dios los que estudia Peitsche, "las hormigas aplastadas por la mierda", como le gustaba decir. Y son esos mismos efectos los que le llevan a la certeza de que Dios nos odia, y digo Dios y no los Dioses porque son los Dioses monoteístas los que nos odian. Los Dioses politeístas, según Peitsche, sólo nos envidian y los despacha en un folleto de apenas treinta páginas.

Peitsche no busca los motivos del odio divino, no se deja llevar tampoco en este tema por los cantos de sirena de la lógica, de la causa y el efecto, "tengo fe en Dios y aún más en su odio", centra todo su esfuerzo intelectual en buscar los patrones de comportamiento de Dios. "Si Dios tiene un plan, hay una pequeña esperanza, si Einstein tenía razón y Dios no juega a los dados con el universo podemos llegar a predecir donde caerá su próximo golpe y esquivarlo".

Pero Peitsche es pesimista respecto a esto, "la misma naturaleza de Dios es la no naturaleza, pues la naturaleza se atiene a unas estrictas leyes físicas, naturales, a las que Dios es completamente ajeno. Si esto es así, Einstein se equivocaba y estamos jodidos".

 

Sergio Guadacorte

 

Bibliografía

"Überlebenstheologie" 1969 ed. Brockhaus.
"Das bloss nicht, du Arschloch!" 1980 ed. Brockahus.
"Bring dich davon ab!" 1988 ed. Harrassowitz.
"Ich glaube, ich habe vier Reiter gesehen" 1996 ed. Gütersloher Verlagshaus.