¿Otro cobrador?

No, esa gente ya no vive aquí señor.

Se mudaron hace tiempo, un alivio para todos. Gente muy rara, siempre se oían gritos y alaridos. Inhumanos diría yo. Y explosiones y olores extraños. Los denuncié varias veces a la policía y a sanidad pero nada, que en este país se pagan impuestos para que se rían de ti.

¡Y lo de los huevos voladores! Sí, huevos voladores, como lo oye, y tenían caritas con unos ojos que te miraban como si... Los pelos de punta se me ponen aún al recordarlo.

Y la gente que venía a todas horas, y esas salmodias que se escuchaban en las noches de luna llena.

¡Chulu rielé, chulu rielé! Que digo yo que Jarecrismas no eran porque no vestían de naranja pero algún tipo de secta eran, y de las malas.

Han dejado una dirección por ahí abajo pero yo de usted lo dejaba correr.

 

 

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